viernes, 14 de diciembre de 2007

Zarpazos

Ya me parecía a mí extraño que tardase tanto en volver a aparecer. Ya tenía que volver a llamar a mi puerta esa bestia llamada insomnio. Y le odio. Le odio sobremanera. Pero hoy me importa un poquito menos. Tan poquito menos que he saltado de la cama. He llenado un vaso con Coca-Cola. Me he encendido un Marlborito. Y, ya que estamos, os voy a comentar una cosita... Con permiso. Procedo.

Tremendos zarpazos te da la vida. ¿No os parece? Tremenda gentuza te rodea perfectamente mimetizada con el terreno. Tremendas cuchilladas traperas en cuanto les das la espalda. Tremendas dosis de confianza lanzadas al fondo de un container. Tremendas mentiras vertidas con el único ánimo y pretexto de hacer daño. Tremendos borbotones de sangre formando tremendos charcos bajo los pies del asesino. Tremendas basuras humanas que se enmascaran de falsos amigos. Tremendas aves carroñeras que te clavan sus uñas en el pescuezo sin miramientos. Tremendas ansias de herir sin compasión. Tremenda locura la que baña las mentes de esas gentes. Tremenda bipolaridad.

Me repugnaría de asco si mi vida no fuese lo plena que cada día, con ardua tarea, consigo que sea. Pero ya no me das ni asco. Porque ya ni existes.

Abuf... Me he quedado como Dios.

Stup!

sábado, 1 de diciembre de 2007

365 Días

Un año. Hoy se cumple con exactitud un año desde que decidí darme un respiro. Un año desde que decidí no afeitarme. Un año de desmpleo. Un año de escuchar que me acabaré aburriendo de no hacer nada. Un año de mí. Un año zurdo en un mundo diestro. Un año coherente rodeado de entes siniestros.

Recuerdo firmar mi finiquito entre gritos de señores trajeados. Una mesa repleta de amenazas e improperios. Recuerdo también un par de lágrimas recorrer mis mejillas al salir de aquel despacho. Recuerdo un almuerzo con Slauka a base de croquetas de mi madre y terraza soleada. Recuerdo el retumbar del eco al detener mis pies y el engranaje que mueve todo lo demás. Recuerdo retomar los hilos de mi devenir y las riendas de mi ir y venir. Recuerdo dar un manotazo a un calendario y a un reloj. Lo recuerdo todo perfectamente. Como si fuese ayer. Y hace ya un año.

Un año breve. Intenso. Hace un año mi universo agonizaba, pero se enderezó con ayuda de Root. Para dar paso a la más brillante de las porciones en las que se divide mi peregrinaje entre estas olas saladas. Innumerables desayunos al Sol. Pasajes a todo color que se amontonan en mi bolsillo izquierdo (el derecho tiene un agujero).

Hoy lo celebraré como se merece. Con las mismas ganas con las que celebré aquella Nochevieja fuera del mapa. Hoy lo celebraré como me merezco. Mañana dará comienzo un nuevo año que procuraré se parezca al que hoy archivo. Gritaré al 2mil8 hasta convencerle de que es un 2mil7 más.

Hoy sentía la impersioa necesidad de decíroslo. Pese a que a nadie le pueda importar. Aquí os dejo esta docena de renglones. Me acabo mi cigarro y me voy a la cama a mecer un par de cervezas entre las sábanas. Mañana más. Hoy soñaré que soy un saltimbanqui y que miro hacia atrás. Por recordar. Por recrearme. Por abrigarme.