jueves, 20 de marzo de 2008

miércoles, 19 de marzo de 2008

Confesionario (sin reverb)

Mis confesiones para hoy son (sin orden de prelación):
- He vuelto a creer en el Arco Iris.
- Sigo vivo (pese a posibles diatribas ulteriores).
- No comparto mi cama, ni las arrugas de mis sábanas.
- Sigo sin trabajar (ni ganas).
- Ansío oler el interlineado del libro cuanto antes.
- Vuelvo a caminar esbozando sonrisas privadas.
- El hombre tranquilo, a veces, siente nervios atenazantes.
- Sigue lloviendo, y sigo envuelto en llamas.
- Reconozco mis trampas tan bien como reconozco las marcas de mi baraja.
- He dejado de buscar el par de ojos en los que no me refleje yo.
- Vuelvo a prestar cierta atención al reloj (que no tengo).
- Dentro de 24h resucitaré, para inmolarme al cabo de 24h más.
- Vuelvo a albergar esperanzas y, por ende, a sentir necesidades.
- Dije que "basta un dedo para cerrar una boca" pero oculté que "basta un beso para separar cuatro labios".
- Mi urna de cristal de ayer, hoy no es más que un montón de cristales.
- No me importa abrir mis venas si mi corazón no deja de latir al ritmo que lo hizo ayer.
- Te insulté y te maldecí mil veces, pero tienes razón: Existe.
- Ya no encierro el mañana en un sólo puño. Ahora relajo mis dedos. Y mi pie izquierdo.
- He esperado a la lluvia para bajar a por tabaco (sin paraguas, como siempre).

lunes, 17 de marzo de 2008

Ser Adulto Está Sobrevalorado...

Hacía ya días que no contoneaba mis caderas por estos lares. Y, claro, yo ahora les podría decir a todos/as ustedes que a partir de hoy pienso retomar esta parcela olvidada de mi vida con un tesón desmesurado. Podría, incluso, poner una mueca en mi rostro que aseverase dichas palabras de la forma más convincente posible. Pero, claro, les estaría mintiendo...

Vaya, ya no recuerdo lo que les venía yo a contar... Ah, sí...

Vuelvo a padecer insomnio. Y la cosa ha llegado a tal punto que esta noche he decidido pasarla en vela. Ya dormiré mañana por la noche. A ver si de una vez por todas consigo poner en hora mi reloj biológico. Aunque sólo sea porque la Ciudad Jaula ya amanece estos días con bonanza climática, y porque me muero de ganas de retomar esa costumbre del verano pasado de ir a tomar el primer café del día junto al mar. Me apetece, ¿qué quieren que les diga? ¿eh?

Estas semanas que he dejado a mi espalda en forma de muescas sobre mis cuatro paredes, me he visto en la lastimosa situación de ver caer sobre mis hombros una edad que refleja mi DNI (junto a esa foto que regala una sonrisa a todo el/la que la contempla) y que nunca he sentido como propia. He dedicado ratitos a pensar en ello. Y he llegado a la firme decisión de plantarme. Y, a partir de ahora, el/la que quiera dilucidar mi edad que me cuente las canas y que las divida por ene. O que me corte un dedo y cuente los anillos concéntricos que asomen tras dicho acto yakuza.

Y es que estoy seguro que no conduce a nada ese avance en el tiempo. Y yo, afortunado de mí, aún tengo la suerte de creerme avanzando. Porque veo esa masa gris e infecta desplazarse por esta vida con el rewind mordiéndoles los tobillos. Y es por eso que he tomado la determinación de coger de la mano al niño que llevo dentro y llevarlo conmigo a tomar ese primer café de la mañana. Tranquilos/as, a él le pediré un Cacaolat o algún otro sucedáneo menos agresivo para su organismo.

Mientras, ustedes, si lo desean, maduren. Exíjanse más y mejor. Acumulen facturas en su buzón. Es más, asuman ustedes que jamás ese buzón albergará nada más emocionante que una factura de Endesa. O un vale descuento en su pizzería más cercana. O las gangas del Mediamarkt. O, como cada cuatro años, una lista que engloba centenar y medio de vampiros y un sobre.

Ustedes crezcan. Afronten sus vidas sacando pecho como los palomos en celo. Apreten sus dientes cuando vengan mal dadas. Guiñen un ojo a los problemas que solventen por ustedes mismos sin tener que solicitar ayuda a su banquero-amigo. Corran. A todas partes. Engullan prisas y suden retrasos. Pisen a quien tengan que pisar en pos de un mañana mejor. Por mí no se preocupen. De verdad, no lo merezco. Yo, mañana, si refresca por la mañana, cogeré la taza de café con leche con ambas manos para entrar en calor. O me sentaré fuera del alcance de la sombrilla junto al mar. No se preocupen, de verdad. Ya les alcanzaré... O no.