Hacía ya días que no contoneaba mis caderas por estos lares. Y, claro, yo ahora les podría decir a todos/as ustedes que a partir de hoy pienso retomar esta parcela olvidada de mi vida con un tesón desmesurado. Podría, incluso, poner una mueca en mi rostro que aseverase dichas palabras de la forma más convincente posible. Pero, claro, les estaría mintiendo...
Vaya, ya no recuerdo lo que les venía yo a contar... Ah, sí...
Vuelvo a padecer insomnio. Y la cosa ha llegado a tal punto que esta noche he decidido pasarla en vela. Ya dormiré mañana por la noche. A ver si de una vez por todas consigo poner en hora mi reloj biológico. Aunque sólo sea porque la Ciudad Jaula ya amanece estos días con bonanza climática, y porque me muero de ganas de retomar esa costumbre del verano pasado de ir a tomar el primer café del día junto al mar. Me apetece, ¿qué quieren que les diga? ¿eh?
Estas semanas que he dejado a mi espalda en forma de muescas sobre mis cuatro paredes, me he visto en la lastimosa situación de ver caer sobre mis hombros una edad que refleja mi DNI (junto a esa foto que regala una sonrisa a todo el/la que la contempla) y que nunca he sentido como propia. He dedicado ratitos a pensar en ello. Y he llegado a la firme decisión de plantarme. Y, a partir de ahora, el/la que quiera dilucidar mi edad que me cuente las canas y que las divida por ene. O que me corte un dedo y cuente los anillos concéntricos que asomen tras dicho acto yakuza.
Y es que estoy seguro que no conduce a nada ese avance en el tiempo. Y yo, afortunado de mí, aún tengo la suerte de creerme avanzando. Porque veo esa masa gris e infecta desplazarse por esta vida con el rewind mordiéndoles los tobillos. Y es por eso que he tomado la determinación de coger de la mano al niño que llevo dentro y llevarlo conmigo a tomar ese primer café de la mañana. Tranquilos/as, a él le pediré un Cacaolat o algún otro sucedáneo menos agresivo para su organismo.
Mientras, ustedes, si lo desean, maduren. Exíjanse más y mejor. Acumulen facturas en su buzón. Es más, asuman ustedes que jamás ese buzón albergará nada más emocionante que una factura de Endesa. O un vale descuento en su pizzería más cercana. O las gangas del Mediamarkt. O, como cada cuatro años, una lista que engloba centenar y medio de vampiros y un sobre.
Ustedes crezcan. Afronten sus vidas sacando pecho como los palomos en celo. Apreten sus dientes cuando vengan mal dadas. Guiñen un ojo a los problemas que solventen por ustedes mismos sin tener que solicitar ayuda a su banquero-amigo. Corran. A todas partes. Engullan prisas y suden retrasos. Pisen a quien tengan que pisar en pos de un mañana mejor. Por mí no se preocupen. De verdad, no lo merezco. Yo, mañana, si refresca por la mañana, cogeré la taza de café con leche con ambas manos para entrar en calor. O me sentaré fuera del alcance de la sombrilla junto al mar. No se preocupen, de verdad. Ya les alcanzaré... O no.
lunes, 17 de marzo de 2008
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6 comentarios:
Somos dos en cuanto al insomnio,
en cuanto a lo demás...permíteme una sonrisa.
¿O acaso no hay niños tardíos que pisan cabezas igual que esos adultos?
Ay! los niños ricos con tristeza, hubiera dicho alguien hace tiempo.
saludos
No acabo de entender su comentario...
¿Presupone usted a un niño más rico que otro en función de las gominolas que albergue en sus bolsillos?
Difiero...
Viene a ser como las drogas.
Que, a solas, merman su capacidad de disfrute.
Los niños atesoran sus sonrisas, lo cual les infiere un caudal enorme de riqueza.
Si se divierten igual con medio ladrillo que con la PlayStation3 el futuro está en sus manos.
Salud!
p.d.: Y feliz insomnio.
Uff, sería largo de explicar. Y me prometí no volver a esto.
En fin, que ese niño casi de anuncio publicitario (versión progre, claro) también está sobrevalorado.
Que vaya bien.
Vaya, vaya...
¿Se hace usted promesas e incluso las cumple?
Lo suyo es digno de todo elogio.
Pero si le apetece hablar, servidor no tiene ninguna prisa.
¿Y usted?
yo en cambio estoy con prisas varias, y dejando en evidencia que no cumplo mis promesas.
Ya ves, me quedo sin elogio.
hasta otra
Hasta cuando usted desee.
La puerta está siempre abierta.
Y, si se la encontrase cerrada, le dejo una copia de la llave escondida en la maceta de ahí al lado.
Suerte.
Salud!
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