domingo, 4 de febrero de 2007

Don Diablo sigue sobrevolando el Infierno

Otra defunción. Otra resurrección. Otro picadillo de mi alma desparramado por un escenario de tablones resbaladizos a causa del sudor y la cerveza. Otro vacíarme por dentro para volver a llenarme al completo. Otro reciclaje de mí. Otro dolor. Otro concierto.

Empezó mal la cosa. Todo muy profesional. Todo muy controlado. Pretensiones de grabar el concierto en audio. Y en video. Y todo debía regirse por los parámetros que más odiamos. No somos músicos. Ni queremos serlo. Y ampararnos en esos patrones profesionales se convierte en una jaula de barrotes acústicos. Y no nos gusta estar encerrados. Nunca. Y nada sonaba como tenía que sonar. Y eso nos incomoda. Mucho. Demasiado. Ni la guitarra aúlla. Ni el bajo zumba. Y en la prueba de sonido ambos vomitaron su rabia en el escenario en el que yo me tenia que retorcer en escasos minutos. Cogí mi cerveza y me desentendí del problema. Es mi única forma de no contagiarme de malos humores ajenos. Juegan en mi contra.

Cena a base de bocadillo de chorizo y caña. Cena con The Capaces. Risas. Muchas risas. Mucha camaradería. Como pez en el agua. Como cubito en el whisky. Y después la llegada de todo el mundo. De mi mundo. De mis gentes. De mis muletas. De las cremalleras que blindan mi corazón.

Subimos al escenario. Yo sorprendentemente tranquilo. Muy calmado. Intentando las tensiones de la prueba de sonido se esfumasen. No era fácil. Cogí mi micro y me dediqué a los presentes. Que serían, calculo, un centenar y medio de ellos. Cantidad más que ideal para la sala. Bona Nit, somos La Pantorrilla de Irene Villa, y venimos de Alcorcón. Y empezó el repertorio.

Durante todo el concierto me sentí al cien por cien. Con mucha seguridad. Con la garganta funcionando a pleno rendimiento. Con todo de nuestra parte para volver a conmocionar a los asistentes. Y, por las palabras del post concierto, así fue. Por enésima vez. Tras la primera bajada, micro en mano, a liarla abajo ya me di cuenta que ese público no era el acostumbrado a ese tipo de excesos. Y al volver a subir al escenario pude contemplar que mi bajada había generado un enorme agujero en el público. Opté por desmelenarme sobre las tablas para que todo el mundo recuperase la tranquilidad. Cuando eso sucedió, volví a bajar. Por última vez esa noche.

Tras nuestro sudor, vino el de The Capaces. Inconmensurables. Como siempre. Una de las mejores bandas que me he tirado a la cara en mi vida. No entiendo como nadie les brinda el apoyo que merecen. Maldito país. Nunca lo entenderé...

Fin de fiesta en compañía de los míos. En compañía de los suyos. En compañía de otros a los que desconozco. Visitas para ingerir golosinas en backstage. Risas con Martillo. Y con Adicto. Y con Snfuer. Y con . Y con Mo. Y con Slauka. Y sentirme vivo. Más vivo que nunca. Poco me faltó la noche de ayer. Sólo Laü. Y Ultra. Y David. Y poco más.

Creo que me he enamorado de ti, 2mil7.


No hay comentarios: