Nada me hace más feliz que gozar de la flexibilidad necesaria para dibujar fines de semana en mi calendario a mi antojo. Pinto los días negros de rojo. Y los rojos de gris. Y así pasan los días. bajo mi estricta batuta.
Este último fin de semana, que empezó el jueves y acabó el viernes a altas horas de la madrugada ha sido una verdadera delicia.
El primer evento social del mismo fue un recorrido de Barcelona a Zaragoza en coche. Ya con mi iPod funcionando a pleno rendimiento. Cantando a gritos cientos de canciones. Engullendo cada kilómetro hasta que se me hinchó la papada como la de un hámster que come más de lo que precisa. Con los bolsillos llenos de gula. Como a mí más me gusta.
Llegar, ver y vencer. Perderme en un abrazo sin fin. Dejar de respirar durante un par de minutos a través de mis pulmones. Hacerlo con los de ella. Mucho más saludables que los míos. Y más dulces. Menos alquitranados y con ese aroma que desprenden mis amapolas (y sólo las mías). Todo bañado en ese rojo que sólo puedo ver yo. Son esos momentos en los que mi daltonismo deja de ser una tara visual para convertirse en una delicia impregnada de mis colores distorsionados. Borrosos, pero tan míos...
Y como ambos somos un poco gafapastas, aunque nos empeñemos en disimularlo a ojos externos, empezamos un día especial (de esos de ventisiete horas y media) almorzando unos bocadillos de autor. Y, de postre, una negativa del Sieso. Y un hotel nuevo. Sin [Magic]. Ni gel de baño. Pero con Petit Suisse. Y con mucho A-M-O-R. Más que suficiente para subsistir en ese mundo que pretende engullirnos y que es del todo incapaz de conseguirlo. Y, tras el A-M-O-R, la siesta.
Y unas cañas desperdigadas en una ciudad imantada que siempre te arrastra al mismo sitio. Por eso de los imanes hicimos la última en La Casa Magnética. De allí al hotel de nuevo. A ver La Casa De Tu Vida. A limpiar bien los restos de amargura en el espejo para ver bien su reflejo. A sumirnos en un estado de agustera cuasi indescriptible. Nadie lo podría definir mejor que Kike Babas: Hay que acariciar los vicios...
Al amanecer ducha. Y volver a comer pizza en Il Principale. Y un carajillo de Bayley's junto al Willie. Y un abrazo de los fuertes. De los que se te corta la respiración durante unos segundos. Los que tardas en hallar los pulmones del otro para poder respirar a través de ellos. Y un hasta pronto. Un hasta la semana que viene. Un te llevo dentro todo el rato. Y, enfrente, un lo sé. Y un yo también.
Deshacer el camino gritando canciones aleatorias. Regalitos sorpresa que me brinda mi iPod cuando estamos contentos. De Piratas a Discharge. De Gotam Project a Motörhead. De HHH a Björk.
sábado, 3 de febrero de 2007
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