Hoy he ido a casa de Power. No le veía desde Reyes. Y tenía muchas ganas de él. Me dijo mi mamá que llevaba unos días un poco enfermito, y me he acercado con la intención de hacerle reír un rato.
He encontrado a Power bajo una manta. Estoy viendo Los Lunnis, me ha dicho. En la pantalla de su televisor estaban Los Goonies. ¿Qué sabrá él? Si tiene cuatro añitos sólo... Si realmente le interesase lo más mínimo lo que aparece en la pantalla estaría viendo otra cosa. No sé. ¿Reservoir Dogs? El caso es que tras las primeras risas y el principio del follón habitual entre los dos me ha dicho que está malito y que se tiene que portar bien. Le he dejado proseguir con su visionado en calma. La siguiente vez que le he visto deambular por la casa ha sido cabeza abajo por las escaleras que llevan al primer piso de su casa. Ahí le han gritado sus progenitores al unísono y ha vuelto a su habitación sin rechistar. Luego le he oído llorar desde abajo. He subido. Le he cogido en brazos. Y tenía la frente con una temperatura que no era ni medio normal. Fiebre. Medicamento con sabor a mandarina (o eso dice él) y vuelta a la cama.
Yo, tras soportar una chapa grandilocuente realcionada con mi futuro laboral (el mismo del que que no me gusta hablar demasiado) me he vuelto a mi casa. Le he dado un par de meneos a Fígaro antes de salir de su casa y he pisado el acelerador con ganas para llegar cuanto antes.
Ducha. Pijama. Coca-Cola con dos cubitos de hielo. Un Marlboro. Luego otro. Y he empezado la remezcla definitiva del cedé de Parroquianos. Tengo ganas de ir cerrando proyectos abiertos, que se me acumulan. Luego me liaré con el cedé de Colaboración Ciudadana. Luego vendrán los Sotovocces. Rematar algún guión que dejé a medias en su día. El proyecto de teatro con Mò y Mo. Apuntarme a un gimnasio. Dejar de fumar. Aprender a ir en bici. Montar en globo. Lo de siempre, vamos. Seguir soñando.
Pero a estas horas poco puede hacer uno ya más que fumarse el último cigarro del día junto a Selene. Contarle mis confidencias hasta que se ruborice. Hablarle de ella. Luego meterme en la cama. Repasar una a una sus palabras. Cerrar los ojos. Cerrar los puños. Sentirla cerca. A mi lado. Sentir sus pies rozando los míos. Lo de siempre, vamos. Seguir soñando.
Antes de irme. La canción de hoy. Mis querídisimos Fantômas recreando el tema de Twin Peaks: Fire Walk With Me. Una auténtica delicia la voz aterciopelada de Mike Patton sumida en ese caos acústico que me transporta siempre lejos de aquí.
lunes, 29 de enero de 2007
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