domingo, 4 de febrero de 2007

La Noche de mis Cristales Rotos

Hay noches más largas que otras. No nos damos cuenta de ese detalle porque la mayoría de las veces aprovechamos para dormir un ratito. Esas pasan volando todas. Nos las perdemos. Ésta de estos precisos momentos es de las otras. De las largas. De las en vela. De esas que siempre me llevan a pensar que me gustaría estar en mi paraíso pirenaico para oler a pan recién hecho. Para, con este frío, ver salir bocanadas de vaho de entre mis labios. Y bocanadas de humo de la chimenea del horno.

Ha sido el primer guiño de este 2mil7 con sabor de 2mil6. Ha sido tumbrame en el sofá y sentirme como un fakir. Tumbarme un momento en mi cama y sentirme como si se hubiesen metido entre las sábanas mil erizos de mar. Hoy era noche de no dormir. La secuela lógica a un día con quebraderos de cabeza. Día de volver a fumar mucho. Día de centrifugado. De lanzamientos de boomerangs. De lanzar contra la pared una pelota de goma y cubrirme el rostro con las manos para prevenirme de un posible impacto. Día de contraer los músculos del vientre para vomitar sin nada en el estómago. Nervios.

Lo único positivo del día que yace a mis espaldas es que me he dado cuenta que me he desacostumbrado a esas sensaciones. Que me son extrañas. Cuando, sé a ciencia cierta, que antaño me fueron tan y tan familiares. Eso me alegra. Y si no sonrío hoy es porque no me apetece, pero me parece un motivo digno de descorchar la botella de cava que duerme en mi nevera. Pero no lo haré. Lo haré cuando ella llegue. Es lo mínimo que puedo hacer porque es ella la que me ha iluminado el camino que ha hecho borrar esos recuerdos del ayer.

He decidido tras todas estas elocubraciones internas que hoy no dormiré. He llegado hasta aquí y no me pienso detener. Este guiño de 2mil6 será debidamente eliminado y luego vaciaré la papelera de reciclaje. Me voy a fumar un cigarro en mi balcón junto a mi Lluna. Me voy a duchar con agua caliente. Me haré una mascarilla en el pelo. Cuando amanezca subiré al asiento que siempre guarda para mí Willie. Le llevaré conmigo cerca del mar. Le dejaré descansar mientras me tomo un café con leche con aroma torrefacto y de salitre. Y, cuando vea el fondo de la taza, lanzaré ese guiño maldito al fondo del mar. También lanzaré allí dentro todos los erizos que ahora campan a sus anchas por mi cama. Y a ese día, si no os importa, lo llamaremos Domingo.

Me pregunto cuando desaparecerán esos recuerdos que no me gustan. Me pregunto cuantas patas tiene esa araña. Y si su telaraña es muy pegajosa o no. Me pregunto muchas cosas de esas que la pereza hace que uno no busque ni las respuestas. La pereza por un lado, y lo innecesario de malgastar neuronas en esa dirección por otro. Sé de sobras que cuantas más luces iluminan un objeto más sombras generan. Siempre ha sido una imagen muy gráfica tatuada en mi cerebro. Una imagen que Los Piratas definieron muy bien con su encender la luz para ver las sombras de Fecha Caducada.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Sólo es el vacío que se siente después de una noche de gloria. El Ying y el Yang deben equilibrarse constantemente.Eso es lo mejor. Y también lo peor.

Anónimo dijo...

Laü estuvo en el concierto. Y en la cama de erizos. Y en fondo de la taza de café. Y devolviendo el boomerang a su recorrido para que no te golpee la nariz. Y deseando descorchar el cava para que el tapón al saltar suelte su característico [MAGIC].