lunes, 2 de julio de 2007

Crónicas desde el sofá (Pt.I)

Desde el sofá el prisma varía un poco. Desde el sofá se rebaja el rasero hasta límites insospechados. Desde el sofá mi única ventana al exterior es mi televisor. ¿No les parece una tragedia? Lo es, se lo aseguro, lo es...

Llevo desde el viernes pasado tosiendo. Sí, no me vengan con la cantinela de siempre, se lo ruego. Ya sé que fumo mucho. Mi madre sabe que fumo mucho. Mi estanquero sabe que fumo mucho. Todo el mundo sabe que fumo mucho. Pero llevo un par de días de casi no fumar. Eso, mucho me temo, mi estanquero también lo debería saber a estas alturas. Y, claro, al fumar tanto, uno es bastante más que sensible a los procesos catarrales. Yo creo éste que nos ocupa hoy me lo traje a rastras desde Zaragoza. Eso de estar sudando la gota gorda en medio de unos millares de melenudos para salir luego al frío desértico de los Monegros con la ropa empapada no puede ser bueno para la salud.

Pero me estoy desviando del tema, creo. Tengo tos. Y punto. Es lo que hay. Y por eso de la tos fumo menos. Y por eso de la fiebre me ducho más. Hoy llevo ya tres duchas en lo que llevamos de día. Me vuelvo a desviar...

El caso es que asomado a mi única ventana, medio dormido o medio despierto, las noticias que me llegan del exterior hacen que las ganas de recuperarme sean más bien nulas. Me aportan más bien nada. Porque me importa bien poco lo que veo a través de mi ventana. Cada ratito despierto lo culmino con un parpadeo largo. Con un efecto secundario de las medicinas que ingiero. Con un sopor irrefrenable. Y despierto violentamente cuando en un plató se lian todos a gritar al unísono. Ya sea porque la ex de Julián Muñoz fuese puta en un pasado más o menos lejano. Ya sea porque finalice el juicio del 11-M. Ya sea por lo que sea. Porque sea como sea todos acaban gritando. Incluyendo la gaviota que atemoriza a todas las bestias de mi tejado. Ya me informará Bárbara Chimenea de cuanto acontezca allí.

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