lunes, 9 de julio de 2007

Vidas Ejemplares: Abstemio Ruidrobos

Dejó la copa sobre la barra y dejó escapar un trago de aliento con olor a desinfectante. Cogió su bastón. Se clavó la gorra dando dos vueltas de tornillo sobre su frente. Y salió a la calle con la garganta en llamas. Y con su traje de los domingos.

Abstemio, ese era su nombre de pila. Toda una broma paterna que él, a lo largo de su vida, se había encargado de desacreditar. Y no sólo eso. También se había encargado él mismo de perpetuar. Bautizó a su primogénita con el nombre de Enfermedad. Y a la segundogénita como Congénita. Todos ellos formaban una familia de lo más peculiar. La madre se llamaba Sequoia. Y digo se llamaba porque se fue de casa hace casi quince años ya. No podía aguantar más las burlas del vecindario. Cada vez que leía la placa del buzón se venía abajo por dentro. Pobre mujer.

Abstemio gustaba de pasar las mañanas de su vida jubilada sentado al Sol. Con la solapa de su abrigo subida hasta las orejas. Por ese preciso motivo lo único que tenía un tono moreno en su piel era su frente. O, mejor dicho, el espacio que queda entre la gorra y las cejas. De lejos daba le impresión de que lucía sobre sus ojos un trozo de tela como el de Eva Nasarre. Pero eso es otra historia. No divaguemos.

Abstemio hoy no se sentó a tomar el Sol en el banco de siempre. Abstemio hoy tenía in mente acudir a un miting electoral que tenía lugar en su ciudad de adopción: Guarromán, provincia de Jaén. Los encargados de perpetrar ese miting eran, precisamente, los de la oposición de su partido de toda la vida. Pero eso poco importaba. Estaba seguro de que podría hacerse con un bocadillo de embutido y con un Trinaranjus de lata. Poco importaba el resto.

Y allí le tenemos. Con un trozo de salami entre dos piezas de su dentadura postiza (detalle que molesta harto más que en la dentadura habitual, y mucho menos que en una dentadura de dientes de leche porque de un estirón pueden volar tres piezas dentales con la consiguiente faena acumulada para el Ratoncito Pérez). Con una lata de Trinaranjus de limón en la mano. Sentado en tercera fila.

Uno tras otro los hombres-marioneta iban pasando por el púlpito para desgranar sus arengas. Todo mejoras para una sociedad que margina a hombres como Abstemio, pero que cada cuatro años reclaman su voto y lo defienden con uñas y dientes. Por eso el detalle del bocadillo de salami y el Trinaranjus de limón, ¿si no de qué? ¿eh?

Llovieron globos del techo del pabellón polideportivo. Y llovió confetti. Y Abstemio dejó en el suelo la lata de Trinaranjus de limón. Junto a sus pies. Se calzó la gorra con las dos vueltas de tornillo de rigor. Agarró su bastón. Y salió a la calle.

Abstemio gustaba de dar golpes de bastón al aire cuando pasaba junto a una bandada de palomas de las que picotean sobre el asfalto con la ilusión de que en uno de esos picotazos haya algo más que piedras en su pico. Abstemio pasó por encima de las palomas, que se abrieron a su paso, para cerrarse de nuevo a su espalda. El bastón todavía se movía ralentizado de un lado a otro por aquel entonces.

Al llegar a casa Enfermedad y Congénita le tenían la comida en la mesa. Lentejas. Como cada lunes. Se desnroscó la gorra y la dejó sobre la cómoda. El abrigo raído en el perchero con los hombros llenos de confetti. Se sentó en la mesa. Con la primera cucharada de lentejas encontró algo sólido en su boca. Era una piedra. De las piedras que vienen de serie en las lentejas de toda la vida. Esa piedra que no existe y que se añade a cada bote de Lentejas Cidacos por no perder tradiciones ancestrales. Como el haba en el Roscón de Reyes.

Abstemio se tomó ese acto como una venganza de las palomas. Y, como cada lunes, decidió seguiría molestando el ágape de éstas con su bastón. Abstemio, por culpa de las lentejas, se había convertido en colombocida. A su lado, en la mesa, Enfermedad y Congénita le miraban y movían los labios. Pero todo estaba en el más absoluto de los silencios. Fue justo en ese momento cuando Abstemio se dio cuenta de que se había dejado el sonotone sobre la mesita de noche aquella mañana de Febrero.

No hay comentarios: