miércoles, 3 de enero de 2007

Química

Cogemos, por un lado un tubo de ensayo. Cogemos por otro lado un martillo de cabeza de acero. Golpeamos con firmeza el tubo con el martillo. Miramos hacia abajo. El suelo se cubre de cristales. Lanzamos el martillo hacia atrás por encima de nuestro hombro. Miramos hacia atrás. No vemos el martillo. La ventana estaba abierta.

Una vez efectuado este experimento de una forma mecánica. Sin pensar. Ni antes, ni durante, ni después. Ya podemos empezar a mezclar los ingredientes necesarios para efectuar el siguiente expermiento.

Cogemos una dobledosis de ternura. Una mirada firme de refilón. Una boca reflejada en un retrovisor. Cogemos también una sonrisa, dos carcajadas, y una bolsa llena de cáscaras de mandarina. Y una tijeras sin punta. Y un balancín sin punto de apoyo. Y la complicidad del silencio. Y el silencio de un preso. Y también una pizca de miedo. Y un dolor desconocido. Y una mirada efervescente. Y un gato de trapo. Y un susurro de bolsillo. Y no olvidemos un bolsillo para guardar ese susurro. Ni una mañana de Enero bajo el Sol. Ni mucho menos engullir un café con leche en la playa, para que entre por un agujero de la nariz el olor torrefacto y, por el otro, el del salitre. Cojamos también, por si acaso, un sacacorchos bien afilado. Y una espátula de zinc y una cuchara de palo. Un transistor. Un escalpelo oxidado. Una botella de nada. Y una silla de más para dejar los abrigos sentados. A nuestro lado.

Una vez tengamos todos los ingredientes, cogemos la sartén por el mango. Enfocamos las miradas para evitar distorsiones. Y nos miramos. Y nos olemos. Y nos tocamos. Y nos escuchamos. Y nos besamos (¿sino para qué diablos crearon el gusto?).

Y como todos sabemos que el corazón nunca miente.
Y que la cabeza se asusta como la de un caracol.
Y como todos sabemos que no hay papeles firmados.
Ni compromisos pagados.
Ni se suponen las cosas.
Ni se predica sin saldo.
Y como todos sabemos que la noche no es oscura, sino que nunca miramos.
Y que la suerte es esquiva y que por eso lloramos.
Y que mejillas saladas no suelen ser de tu agrado.
Y que el futuro es dorado, pero pisamos en falso.
Y que dejarlo fluir no es garantía de trato.
Pero me siento tan bien. Me siento bien a tu lado.
Que ni me planteo el mañana. Sería de necios, perderme este trago.
Y como todos sabemos que cuesta horrores ser fuerte.
Que cuesta una vida saltar de un acantilado.
Que duelen los golpes. Las piedras. Las costillas.
Pero que dulce es volar. Y aterrizar en regazo.
Pero que bueno es beber si hay vino tinto en tus labios.
Escuchar al mar. Ahogarlo de envidia. Tumbar encima de su espalda tu reflejo.
¿Cómo negarnos? ¿Dónde esconder la sonrisa?
¿Cómo negarle a la Luna este ratito de calma,
este silencio, esta brisa?
¿Cómo negarle un susurro de plata,
una sonrisa, un cuchillo de vida?
¿Cómo cerrar frente al pecho los brazos,
puediendo rodear, con las mías, tus manos?

No hay comentarios: