jueves, 25 de enero de 2007

Ósculo Oscilante

Hoy me ha venido a la cabeza un fogonazo. Un movimiento de caderas de llamas de chimenea. Una sombra de mi cuerpo que se alarga y se retuerce al ritmo del crepitar de la leña. Un inmenso calor.

No me quito de encima estas malditas anginas. Si no fuese tan cobarde me metería por la boca una maquinita de esas de hacer bolas de helado y me las extirparía yo mismo. Lo que los sajones llaman DIY (Do It Yourself). Al menos hoy ya he podido tragar saliva sin tener que apretar los puños de dolor.

Espero que cuando vuelva a pisar la calle, mi 2mil7 me esté esperando en el portal con los brazos abiertos. Justo donde lo dejé. Apretando mi mano con fuerza. Como jamás antes la agarró nadie en esta vida. Hasta que se me amoraten los nudillos. Todo el rato. Seguro que sí. No puede ser de ninguna otra forma.

Este fin de semana me asomaré a mi cajero automático y, si lo veo factible, me homenajearé a mí mismo en Los Asadores. Estoy de sopas y consomés hasta los mismísimos. Llevo media semana alimentándome con pajita. Que dicho así parece una muy buena opción, si, lo sé. Pero son pajitas de las otras. De las que te ponen en los bares de gafapastas barceloneses. Los mismos bares en los que las cervezas no las tiran, te las ponen, para que no se malgaste ni una gota de ese líquido elemento.

Hoy también la he visto bailar. Todo el rato. Ora cerca, ora lejos. Ora en mi regazo, ora diminuta en el horizonte. Y me encanta verla bailar. Me encanta imaginar su ceño fruncido corriendo por todas las opciones del abanico. Intentando buscar una explicación racional a todo. Incluso a lo que no tiene explicación, ni falta que le hace. Y así pasa todo el día. Todo el rato. Y puede que yo no esté para muchos bailes desde el día en que se fue de mi lado. Pero bailaré con ella. Tanto como haga falta. Todo el rato. Porque ella, no me cabe la menor duda, lo vale.

¿Y mañana? Pues no lo sé. Puede que esta noche me bese un ángel y mañana amanezca pletórico. O puede que engulla otra taza de consomé del que me hace mi mamá. No lo sé. Ni me importa demasiado ahora mismo. Sea como sea cerraré los ojos. Apretaré los puños. Arrugaré mis pies como lo haría ella. Y volveré a ensimismarme con su baile. ¿Hasta cuándo? Esa es la más fácil de todas las preguntas. Si. Lo haré todo el rato.

No hay comentarios: